LA RELIGIÓN ISLÁMICA
Los ismaelitas
Deben su nombre al iman Ismail ibn-Giafar (m. 762). En éste, según ellos, termina la serie de los "imanes visibles" descendientes de Fátima y de Alí.
Los otros chiítas imamitas excluyen a Ismail de la serie de los imanes y siguen la línea de su hermano menor Musa. Por el hecho de ocupar Ismail el séptimo lugar en la sucesión de la familia imamí, se llama también "septimanes" ( sabiyya) a los ismaelitas.
En la secta se ingresa por vía de iniciación. Es pues, secta secreta de "iniciados". Los ismaelitas proclaman la inaccesibilidad hasta Dios y la intangibilidad y supremacía de la enseñanza o (talim) de su iman, al que atribuyen prerrogativas sobrehumanas. De no haber sido por el vigor que dio al ismaelismo la incorporación de los batiníes o cármatas, grupos rebeldes al poder califal, fundados por Hamdan Carmat a fines del siglo IX, y constituidos en sociedad secreta (que difundieron un comunismo social y ensangrentaron Siria y Mesopotamia de los siglos IX al XI), es probable que los ismaelitas no hubieran experimentado jamás la expansión que entonces lograron. Esta unión fue el punto de partida que condicionó la creación del califato fatimí; típico califato chiíta, en el que se practicó un ismaelismo evolucionado por los cármatas.
El atractivo gnóstico del "sentido íntimo, alegórico" dado al Corán, el simbolismo del número siete, su organización secreta de propaganda, los siete grados de iniciación impuestos a sus adeptos, les han proporcionado el atractivo que el misterio ejerce sobre el espíritu humano. la incorporación al ismaelismo (1090) de los asesinos a axixinos de las montañas de Siria, así llamados por embriagarse con una droga (haxix), condujo a una reforma del fanatismo: el neoismaelismo, obra del xej Hasan ibn-Sabbah (m. 1124) o "Viejo de la Montaña", en el sentido de purificación y capacitación de adeptos por el exterminio de las fuerzas adversas. En el siglo XII aterrorizaron con sus violencias el territorio sirio que habían ocupado los cruzados de la cristiandad.
El ismaelismo aparece bastante extendido hoy por el mundo islámico a pesar de las pocas simpatías de que goza entre los sunnitas y chiítas. Su cabeza visible, el Aga Khan, en torno del cual manifiestan gran solidaridad los elementos rectores del ismaelismo, ha adquirido notable relieve a partir de la crisis experimentada por el califato turco en 1924. La propaganda, bien llevada, ha despertado las simpatías hacia el mismo en muchos sectores no musulmanes.
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